Esta gran presencia de grasa (en todo el cuerpo en general) nos diferencia de otros primates y se debe a una simple cuestión de evolución. De acuerdo con teorías como la de Adrienne Zihlman, de la Universidad de California, y Debra Bolterb, de la universidad sudafricana de Witwatersrand, la grasa ha sido clave en la evolución del ser humano. Tanto es así que el cerebro triplicó su tamaño con respecto al de los monos gracias a la ingesta de carne –un elemento clave junto con el descubrimiento del fuego–. Eso llevó a algunas adaptaciones corporales como el acortamiento del colon y el alargamiento del intestino delgado con el fin de poder digerir mejor ese tipo de alimento.

La neurocientífica y profesora de Fisiología en la Universidad de La Laguna (Tenerife) Raquel Marín, ahonda en la causa de que haya tanta grasa en el cerebro: “Una de las razones es que es aislante de la electricidad y las células fundamentales del cerebro (las neuronas) ‘hablan’ entre sí a través de impulsos electroquímicos. Sin esa grasa, y con las neuronas ‘hablando’ a la vez, nuestro cerebro se podría incluso colapsar. Otra razón es que la grasa ‘funcional’ contribuye precisamente a efectuar muchas de las actividades cerebrales”. Por lo tanto, esta evolución podría hacer pensar que la falta de grasas necesarias para el cerebro pudiera provocar un deterioro paulatino de este. No en vano, las grasas metabolizadas se antojan claves para renovar y restaurar neuronas, lo que a la postre es un método válido de cara a prevenir enfermedades como el alzhéimer.

Rompiendo barreras porque desgraciadamente, el paradigma de que la grasa es mala está implantado y arraigado.

¿Qué alimentos grasos son ideales para el cerebro?

1.- Aceite de oliva virgen extra, mejor si es prensado en frío y añadido en crudo para aprovechar al máximo sus bondades para la salud, son tantas que hasta la pirámide nutricional australiana la incluye en su cúspide a pesar de que allí no es un alimento habitual.

2.- Pescados azules o grasos tales como las sardinas, boquerones, salmón, trucha, atún, emperador o caballa nos aporarán gran cantidad de ácidos grasos omega 3 ideales para la salud del cuerpo humano y para el cerebro en particular, incluso se recomiendan en estados de depresión y estrés. Lo ideal es consumirlos frescos y son más saludables los de menor tamaño por presentar menor concentración de metales como el mercurio.

3.- Frutos secos en general y las nueces en particular destacan por ser una buena fuente de ácidos grasos omega 3 de origen vegetal así como de antioxidantes.

4.- Otros alimentos ricos en grasas saludables que deben formar parte de nuestra dieta son el aguacate, semillas de chía, lino, aceite de coco,…  el aceite de coco aporta grasas saturadas por lo que este aceite no ha gozado de gran popularidad hasta que se ha demostrado que las grasas que realmente afectan a la salud son las grasas trans. Es más, las grasas saturadas que proporciona no son como las de la carne roja o el queso, sino que son triglicéridos de cadena media, los cuales metabolizan mucho mejor (están presentes también en la leche materna). Todo ello convierte al aceite de coco biológico en un alimento clave para mitigar –en la medida de lo posible– enfermedades como el alzhéimer o la epilepsia.

¿Qué grasas debemos evitar?

Dado que se han mencionado a lo largo del artículo, cabe señalar que las grasas beneficiosas para el cerebro no deben confundirse con otras que son perjudiciales para el organismo como las grasas trans. Estas han sido señaladas en reiteradas ocasiones por la comunidad científica y médica como uno de los causantes de las elevadas tasas de enfermedades cardiacas.

Las trans se encuentran en alimentos que han sido sometidos a hidrogenación, como es el caso de comidas rápidas, productos pastelería industrial y otros productos procesados y fritos. Este proceso sirve para que duren más y conserven su sabor, pero suponen un riesgo para la salud… y, claro está, para el cerebro.